miércoles 06

Retrato del cerebro de una madre

Posteado por "la Caixa" el 06/11/2019

Raj dice: “Acabo de leer un estudio que sugiere que las madres primerizas son mejores a la hora de detectar emociones durante dos años”.

Amy contesta: “Es cierto. El embarazo causa cambios fisiológicos en el cerebro que dan lugar a un aumento de la empatía”.

Penny apuntilla: “Entonces, todo lo que necesitamos es embarazar a Sheldon”. 

(Y aquí vienen las risas).  

Raj, Amy, Penny y Sheldon son algunos de los personajes de la más exitosa sitcom americana durante la última década: The Big Bang Theory. Esta escena sucede en el capítulo 14 de la décima temporada, y se vio por primera vez el día 2 de febrero de 2017, solo unas semanas después de que el estudio en el que se inspira se publicara en la revista Nature Neuroscience. El gag apunta a la importancia de este trabajo, que identificaba por primera vez los cambios que suceden en el cerebro de las mujeres embarazadas y que, tras el parto, les permiten contribuir de forma singular a la supervivencia de sus bebés y, por ende, de todos los seres humanos. 

La investigación la lideró el grupo de Òscar Vilarroya, de la Universidad Autónoma de Barcelona, en colaboración con investigadores de otros centros españoles y de la Universidad de Leiden. Gracias a ellos, mediante el estudio de resonancias magnéticas, podemos saber si una mujer ha sido madre. Y este es solo el inicio de un ambicioso proyecto que ahora, con el apoyo de ”la Caixa”, promete aportar datos fundamentales para entender las bases del instinto maternal, e incluso mecanismos implicados en algunos trastornos mentales. El proyecto de Òscar Vilarroya fue seleccionado en la segunda convocatoria del programa de Investigación en Salud de esta fundación, que justo acaba de abrir su tercera convocatoria.   

¿Qué tipo de cambios habéis identificado en los cerebros de las madres?

Nuestro estudio está todavía en desarrollo, pero de momento ya hemos obtenido resultados muy prometedores. Básicamente, hemos identificado cambios relacionados con las áreas de cognición social, que son las que nos permiten entender lo que pasa en la mente de los demás. Forman parte de lo que se conoce como la Teoría de la Mente, y se relacionan con la capacidad para entender las emociones que expresan los rostros de las personas que nos rodean, sus intenciones y para sentir empatía por los demás. Es una red muy compleja de conexiones nerviosas que afecta a muchas áreas distintas del cerebro. 

¿Y qué ocurre con esa red en las madres? ¿De qué manera se modifica?

Lo que ocurre es que se produce una especie de “poda”. Es decir, algunas conexiones entre neuronas permanecen y se afianzan y otras desaparecen. Cambian algunas superficies de la corteza cerebral y también la profundidad de algunas circunvoluciones cerebrales. Nosotros creemos que el resultado de esa “poda” es que el cerebro maternal focaliza mucho más en su bebé, en cómo se siente, en qué necesita, así como en detectar las intenciones de otras personas que puedan representar una amenaza para el bebé. De esa manera, las habilidades sociales se concentran en el cuidado y protección del niño. Es algo clave para su supervivencia. 

¿En qué momento pasa esto? ¿Cuándo se dan estos cambios?

Todavía no lo sabemos exactamente. Hemos hecho resonancias magnéticas antes y después del embarazo, en madres primerizas, y es entre este antes y después donde hemos detectado los cambios. Ahora vamos a seguir todo el proceso del embarazo a través de neuroimagen, para poder ir viendo, a tiempo real, cómo se dan las modificaciones y por qué. 

Porque no sabéis qué es lo que induce esta “poda” neuronal, ¿no?

No, no lo sabemos. Nuestra sospecha es que hay determinadas hormonas sexuales, como los estrógenos, que genera el cuerpo de la mujer embarazada y que son capaces de atravesar la barrera hematoencefálica, y que son estas hormonas las que dan lugar a esta poda neuronal. Pero tenemos que estudiarlo. Por tanto, no tratamos únicamente de ver cambios cerebrales sino de estudiar los mecanismos bioquímicos que los hacen posibles. 

¿Y estos cambios se mantienen con el tiempo?

Creemos que sí, pero esto lo sabremos mejor con el paso del tiempo, ya que volveremos a tomar datos del cerebro de las madres que ya estudiamos hace unos años. De momento, lo que hemos constatado es que, al cabo de los dos años de dar a luz, todavía se mantienen.

¿Y qué pasa con los padres? ¿Sabéis si su cerebro sufre cambios con la paternidad?

Lo hemos estudiado y hemos constatado que, al menos desde el momento en que saben que sus parejas están embarazadas y hasta después del parto, no se producen estos cambios. 

Entonces, ¿no existe el cerebro paternal?

Está por ver. Se tendría que estudiar a los padres, al igual que a las madres, después de que pase más tiempo. Se dice que la madre llega a ser madre con el embarazo mientras que el padre se hace padre después del parto. Puede que sea este el caso. 

Antes has mencionado que estáis estudiando mecanismos bioquímicos de hormonas sexuales en relación con el cerebro maternal. ¿Este enfoque podría ayudarnos mejor a entender la relación entre las diferencias de género y los rasgos conductuales?  

Sí. De hecho, nuestro estudio podría arrojar luz sobre cuestiones importantes relacionadas con el género. Uno de los enfoques pioneros que estamos planteando es estudiar el cerebro de mujeres que son pareja de otras mujeres embarazadas, para ver si se producen los mismos cambios independientemente de cuál de ellas está llevando al bebé en su vientre. Si se encontrase que estas parejas sufren también cambios, nos indicaría que la inducción de este proceso podría darse por aspectos psicológicos y del entorno, independientes de la bioquímica propia del embarazo. De alguna manera, nos diría que el cerebro femenino reacciona a la maternidad de forma distinta al de los hombres. 

¿Y qué pasa con las madres de niños adoptados?

Es otro estudio muy interesante por hacer. También sería interesante ver qué pasa con los vientres subrogados. Pero estos estudios serán algo que haremos en el futuro, todavía no los estamos planteando. 

Además del estudio de la relación entre género y cerebro, ¿qué otras aplicaciones podría tener vuestra investigación?

Podría ayudar a entender algunas cuestiones relacionadas con la salud mental. Entre ellas, la depresión posparto. Vamos a registrar datos sobre marcadores psiquiátricos y de riesgo de enfermedad mental en las participantes. El objetivo es detectar posibles manifestaciones de sufrimiento mental en el posparto y, si las encontramos, estudiar la evolución de estos marcadores con neuroimagen y con estudios bioquímicos. Con ello podremos identificar si hay alguno que indique riesgo de depresión posparto. 

Por otra parte, hay que tener en cuenta que, durante el embarazo, las mujeres segregan más estrógenos que en el resto de su vida. Pero también en el envejecimiento y en las personas transexuales existen cambios específicos relacionados con los estrógenos. Por lo tanto, entender qué pasa con las mujeres embarazadas nos puede ayudar a entender procesos ligados con el cambio de sexo y el proceso de envejecer. Podríamos incluso encontrar algún mecanismo asociado a ciertas enfermedades neurodegenerativas y posibles vías para tratarlas o para rehabilitar zonas del cerebro que han sido dañadas por traumatismos o por procesos cancerígenos. Las aplicaciones son muy amplias.     

¿Qué papel ha tenido ”la Caixa” en vuestro proyecto?

Un papel fundamental. La ayuda de ”la Caixa” nos permite dar una magnitud mucho mayor al proyecto: combinar estudios bioquímicos, desarrollar protocolos nuevos y trabajar con una muestra de participantes mucho mayor. Empezamos estudiando a 30 participantes y ahora nuestro objetivo es hacer un seguimiento de hasta 60 mujeres durante todo el embarazo. 


De izquierda a derecha, el equipo de investigación del proyecto: Magdalena Martínez y Susanna Carmona, del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón (Madrid); Mariona Jové y Reinald Pamplona, del Institut de Recerca Biomèdica de Lleida; Òscar Vilarroya, del IMIM y la UAB; Clara Pretus, de la UAB, y Óscar Pozo y Olha Khymenets, del IMIM. 

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