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Frenando la ELA con antiinflamatorios naturales

Posteado por "la Caixa" el 21/06/2019

En el Día Mundial de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) queremos destacar una investigación puntera en este campo: la síntesis de un fármaco capaz de enlentecer la progresión de esta enfermedad que, a día de hoy, no tiene apenas tratamientos efectivos. Hablamos con Rubèn López-Vales, investigador del Grupo de Neuroplasticidad y Regeneración del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona.

López es líder de dos proyectos que han recibido el apoyo de ”la Caixa”, uno a través de la convocatoria de investigación en salud, con la colaboración de la Fundación Luzón, y otro a través del programa de traslación CaixaImpulse. Ambos proyectos estudian determinados lípidos producidos por el propio cuerpo, capaces de modular la inflamación inherente a la ELA y cuyas aplicaciones potenciales podrían servir para tratar una gran diversidad de dolencias que tienen un componente inflamatorio. 


Rubèn López-Vales. Instituto de Neurociencias de la UAB  

La ELA es la tercera enfermedad neurodegenerativa más frecuente. ¿Qué sabemos de cómo se origina?

A día de hoy, en el 90 % de casos se desconoce la causa de su aparición. En el 10 % restante, se han identificado algunos genes implicados en la enfermedad. Pero, independientemente de la causa, los síntomas y la progresión son exactamente los mismos. Lo que les ocurre a los afectados es que sus neuronas motoras, que son las que controlan la contracción de los músculos, mueren. Por lo tanto, sufren de debilidad muscular, que genera discapacidades motrices de forma progresiva. Al cabo de entre dos y cinco años del diagnóstico, fallecen, generalmente debido a un fallo respiratorio. La ELA, de momento, no tiene cura, solo existen algunos tratamientos paliativos poco efectivos.

Vuestra investigación pretende precisamente cambiar esto, ¿verdad?

Sí. Estamos buscando la manera de que la progresión de la neurodegeneración sea más lenta. Para ello, estamos atacando, en ratones transgénicos, la inflamación del sistema nervioso, que es una de las consecuencias de la ELA y que hace que se acelere su progresión. Nuestro objetivo es que, evitando o revirtiendo esta neuroinflamación, los pacientes vivan más años y con una mayor calidad de vida. Por eso investigamos un nuevo tipo de fármacos que module la inflamación.

Pero ya existen muchos antiinflamatorios en el mercado.

Sí, en teoría, debería ser fácil disminuir la inflamación inherente a esta enfermedad. Existe una gran cantidad de fármacos de este tipo en el mercado, pero no sirven ni en ELA, ni en esclerosis múltiple (EM) ni en artritis, por ejemplo. Además de no ser efectivos, tienen efectos secundarios nocivos para el cuerpo. No se sabe por qué no funcionan, es un misterio.

¿Qué diferencia su investigación de la manera de tratar la inflamación tradicional?

Los antiinflamatorios tradicionales lo que hacen es bloquear las moléculas que procesan la inflamación y, de esta manera, evitan directamente el proceso inflamatorio, cortándolo. Lo que hacemos nosotros es totalmente distinto: estimulamos a los mecanismos internos del cuerpo humano para que ellos mismos hagan desaparecer la inflamación pero de forma natural. Esto se lleva a cabo gracias a los SPM (mediadores lípidos especializados), unas moléculas lipídicas que se han descubierto en los últimos años y que se producen de forma natural en el cuerpo cuando hay una inflamación. Lo que hacen es producir las células inmunitarias necesarias cuando un tejido está dañado o infectado. Por lo tanto, los fármacos que estamos probando, basados en estos SPM, son prorresolutivos, resuelven la inflamación sin cortar el proceso. Lo que hemos descubierto es que, en las personas afectadas por la ELA, estas moléculas no se sintetizan de forma natural.

¿Por qué las personas afectadas no sintetizan estas moléculas? 

No se sabe. Pero es una característica común de pacientes de enfermedades con un importante componente de inflamación crónica: EM, artritis, asma y alzhéimer, por ejemplo. Sin embargo, la administración exógena de estos SPM parece modular la inflamación de forma efectiva y reparar los tejidos afectados. Los SPM se están comenzando a probar en algunas de estas enfermedades con resultados prometedores. Nosotros somos los primeros en hacerlo en ELA y también en lesión medular, y el efecto terapéutico en ratones es notable. 

¿De dónde proceden estos lípidos?

Son derivados del omega 3, que se ha usado en muchas terapias antiinflamatorias pero con resultados contradictorios. Por sí solo, el omega 3 no parece capaz de hacer nada. Por tanto, por mucho que comas alimentos que lo contengan, no van a tener propiedades antiinflamatorias si no tienes activa la ruta que permita que el omega 3 se convierta en SPM, que sí tiene propiedades antiinflamatorias. El SPM que nosotros utilizamos en modelos animales de ELA lo compramos, puesto que su uso comercial está disponible para los laboratorios. De momento, lo administramos por inyección endovenosa, pero la idea es que, en un futuro, se administre por vía oral. Tenemos datos que demuestran que es igual de eficaz. Ahora mismo estamos desarrollando su formulación farmacéutica. 

¿Cuándo estarán disponibles para uso terapéutico en humanos?

En dos años ya tendremos preparado el fármaco para su administración oral en animales. A partir de ahí, se deben hacer pruebas de toxicología más grandes. En todo caso, creemos que nuestro fármaco tendrá una baja toxicidad porque, al fin y al cabo, es un producto natural. En total, en unos cuatro años podrían empezarse los ensayos con humanos. Si funciona, el impacto será que la ELA progresará de forma mucho más lenta. Pero no podemos especular todavía hasta qué punto mejorará el pronóstico de la enfermedad.

Por lo que cuentas, la investigación con SPM es prometedora no solo en ELA.

Si se demuestra su baja toxicidad y elevada eficacia, que es lo que estamos viendo nosotros, podría usarse en todas las condiciones neurodegenerativas con un fuerte componente inflamatorio: alzhéimer, EM, lesión medular… pero también podrá servir para tratar cualquier otra enfermedad que implique inflamación crónica: artritis, por ejemplo. O incluso en inflamaciones agudas. Sus aplicaciones pueden ser muy amplias, llegando a sustituir a los antiinflamatorios tradicionales, que tienen muchos efectos secundarios. Los SPM se han ido comercializando para su uso en investigación solo en la última década. Es una temática muy novedosa y un cambio enorme en el ámbito del tratamiento de la inflamación.

¿Cuáles son las ventajas de los SPM respecto a los antiinflamatorios clásicos?

Como comentaba antes, los antiinflamatorios clásicos bloquean la inflamación de manera generalizada, por lo que tienen un efecto inmunosupresor. La parte negativa de esto es que disminuyen las defensas y propician las infecciones. En cambio, los SPM solamente cambian la actividad de las células inflamatorias del propio tejido afectado por la inflamación. Por tanto, su diana es mucho más específica y no afectan al resto del cuerpo. Además, son muy potentes: la cantidad necesaria de SPM para que tenga acción antiinflamatoria es cien veces menor de la que se necesita de antiinflamatorios tradicionales. Y, al ser moléculas que el propio cuerpo sintetiza, no dan lugar a reacciones adversas del cuerpo, toxicidades o alergias. En ratones, al menos, nuestro producto tiene una toxicidad cero cuando es administrado por vía endovenosa. Por último, potencian los efectos de los antibióticos. Así que sí, de momento, parece que todo son ventajas.   

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