miércoles 14

La experiencia total de un planetario

Posteado por Editor Ciencia Ciencia el 14/10/2015 en | 0 comentarios

Post por Javier Armentia, coordinador del Planetario de Pamplona.

El trabajo de los planetarios y de los museos de ciencia es fundamental en el progreso de cada país. Esto es debido a que la transmisión de los conocimientos astronómicos es un estímulo para la enseñanza de las ciencias y las tecnologías, como ha sucedido en la historia y el desarrollo de la ciencia, donde los debates aportados por la astronomía han sido la punta de lanza del desarrollo de nuevas teorías y nuevas ciencias que nos permiten entender mejor el mundo. Y mejorarlo o, al menos, intentarlo.

Además, la experiencia en un planetario, incluso en una era de lo audiovisual en la que estamos rodeados de maravillas en movimiento, tecnologías sorprendentes y superproducciones apabullantes, tiene siempre, desde sus comienzos hace casi un siglo con los primeros proyectores ópticos en la cúpula instalada en la terraza del Deustches Museum en Múnich (Alemania), una componente de inmersión o experiencia muy realista, algo que siempre se ha valorado como un factor característico de los planetarios.

Imagen general de Westerlund 2. Fuente: NASA, ESA, the Hubble Heritage Team (STScI/AURA), A. Nota (ESA/STScI), and the Westerlund 2 Science Team. http://pamplonetario.org/ 

Es cierto que ahora podemos disponer en el ordenador, incluso en el móvil, de fabulosas representaciones del cielo, interactivas, sencillas de manejo, que incorporan además las últimas imágenes y noticias de la investigación más avanzada que se realiza en los observatorios astronómicos. Pero cuando nos sentamos en la sala de proyección de estrellas y se hace la noche, esa sensación de estar viendo el cielo, de que el tiempo y el espacio han cambiado para trasladarnos a esa noche que todos guardamos en la memoria (asociada a menudo a una noche de verano en el pueblo, alejados de las luces de la ciudad, un espacio de misterio y libertad de nuestra infancia) es algo que sigue haciendo suspirar al público de los planetarios. Lo llamamos «efecto Ahh», especialmente cuando se apagan las luces, surgen las estrellas y la cúpula de la sala se convierte en una verdadera ventana al Universo.

Proyectores digitales

Los planetarios, además, han ido incorporando proyectores digitales que los convierten en algo que en la década de los noventa del siglo pasado comenzó a llamarse «teatros del espacio», un poco como los «teatros de las maravillas» que llevaban hace siglos las noticias y curiosidades de los países lejanos a cada rincón del país. Estas salas digitales que seguimos llamando planetarios son, sin duda, lugares donde podemos proyectar documentales o ficciones, imagen real o de síntesis, el firmamento nocturno o paisajes diurnos, recorrer lugares de nuestro planeta o hacer imposibles viajes hasta los confines del Universo. 

Y frente a la pantalla plana (incluso las grandísimas pantallas digitales de algunos cines y otras salas), los planetarios siguen teniendo esa característica envolvente que permite al visitante, a cada uno de los asistentes a una sesión de planetario, convertirse en protagonista de cada uno de esos viajes o historias que se cuentan. En los videojuegos se ha analizado mucho cómo aquellas aventuras en las que el jugador tiene una visión subjetiva de su entorno, como si estuviera realmente viendo en el dispositivo de juego lo que ve a través de sus propios ojos, incrementan la sensación de realismo de la vivencia y, de paso, la implicación del protagonista en ellas. 

De la misma manera, en los planetarios, el visitante puede girar la cabeza en cualquier momento y siempre tendrá imágenes sobre su cabeza, con lo que tiene la sensación de que todo está sucediendo a su alrededor, es decir, que él está realmente dentro de la historia (en realidad, se trata de media esfera solamente, excepto en algunos planetarios como el AHHAA de Tartu, Estonia, donde disponen de una proyección esférica total, también por debajo del horizonte, o en experimentos como el Allosphere de Instituto de Nanosistemas de California). 

Los puntos rojos son estrellas recién nacidas. Imagen de un cúmulo gigante denominado Westerlund 2, a 20.000 años luz de distancia, en la constelación de Carina, en el hemisferio sur. Westerlund nació hace dos millones de años y tiene más de 3.000 estrellas jóvenes. Fuente: NASA, ESA, the Hubble Heritage Team (STScI/AURA), A. Nota (ESA/STScI), and the Westerlund 2 Science Team. http://pamplonetario.org/

La incorporación de proyectores 3D, pionera en CosmoCaixa Barcelona, ha permitido también una mayor sensación de «inmersividad», un recurso que se ha demostrado especialmente útil a la hora de entender las complejidades de un espacio tridimensional. Algo que podemos entender si pensamos o recordamos cómo se solía pintar el sistema solar en los libros de texto: el Sol ocupaba un foco de unas elipses exageradamente excéntricas que recorrían los planetas. Esa imagen ha permitido que muchas personas sigan creyendo erróneamente que las estaciones están producidas por la mayor cercanía o alejamiento respecto al Sol, cuando realmente se trata de una cuestión de inclinación del eje de rotación  y no de distancias… entre otras cosas, porque la órbita terrestre es casi una circunferencia y el factor distancia no es relevante (de hecho, el perihelio terrestre, el momento de mayor proximidad entre nuestro planeta y el Sol se produce a comienzos de enero, en pleno invierno del hemisferio norte).

Pues bien, en el planetario estas órbitas se convierten en algo a través de lo que nos movemos, un viaje ciertamente imposible con las tecnologías actuales o futuras (porque de hecho son viajes a mayor velocidad que la velocidad de la luz), pero muy significativo a la hora de entender el escenario subyacente, cómo en un espacio las órbitas son planas, como explicó Kepler con sus leyes del movimiento planetario hace casi cuatro siglos.

Espero que este post sirva como una invitación a reflexionar que, incluso en la era de la educación en línea y la interacción mediante dispositivos portátiles, el viaje al planetario —como actividad extraescolar— y el viaje que en el planetario proponemos a las estrellas y sus historias merecen no solo la pena, sino que además se convierten, para alumnos y docentes, en una verdadera aventura cercana y a la vez grandiosa. Como la propia noche, como el propio Universo.

Más información:

Planetario de Pamplona 

Twitter de Javier Armentia: @javierarmentia 

Twitter del Pamplonetario: @pamplonetario 

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