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Investigación social para enfrentarnos al futuro

Posteado por CaixaCiencia el 15/05/2020

El mundo cambia cada vez más deprisa. La industrialización primero y la revolución digital después cambiaron la forma en que nos organizamos y relacionamos como sociedad. Y, de hecho, la pandemia actual podría volver a cambiar las reglas del juego.

La investigación social nos permite analizar qué sucedió en revoluciones y crisis anteriores, y nos da herramientas para anticiparnos a las venideras. ¿Cómo podemos aprovechar este conocimiento para enfrentarnos a los retos actuales y futuros? El objetivo es prepararnos para minimizar los potenciales riesgos y a la vez aprovechar las oportunidades para mejorar como sociedad.

En este contexto, la Fundación ”la Caixa” ha lanzado la segunda convocatoria de Investigación Social, que impulsará 15 proyectos para entender y dar respuesta a los retos emergentes y actuales a los que nos enfrentamos como sociedad (abierta hasta el 1 de junio de 2020).

En 2019, se lanzó la primera convocatoria de este programa que promueve una investigación basada en datos y con un enfoque original e innovador. Los 13 proyectos seleccionados analizan problemáticas tan variadas como la brecha y la violencia de género, la atención domiciliaria a personas mayores o los efectos de la contaminación en poblaciones vulnerables.
En el marco de la crisis que vivimos, hablamos con los responsables de tres de estos proyectos que, por su temática, pueden ayudarnos a pensar el mundo después de la COVID-19.

Ciencia de redes contra la desigualdad

Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han confiado los unos en los otros para sobrevivir. También hoy en día, las relaciones sociales son fundamentales para nuestro bienestar, aunque todavía no entendemos hasta qué punto influyen o pueden cambiar la realidad de un colectivo. En este contexto, es importante tener en cuenta que las redes favorecen el apoyo social y la información, pero también pueden ser perjudiciales, por ejemplo transmitiendo la desinformación y el acoso.

Miranda Jessica Lubbers, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), usa la ciencia de redes para “obtener una radiografía del tejido social de la sociedad española y ver qué tipo de relaciones son capaces de contribuir a reforzar la cohesión y la solidaridad”. “El estudio de las relaciones entre los miembros de una sociedad es una tarea muy compleja, sobre todo si profundizamos en el rol de las relaciones menos íntimas, que son clave para estudiar la cohesión social”, explica.

Para hacer frente a este reto, Lubbers realizará una encuesta a gran escala, implicando a múltiples actores sociales. De esta forma, espera poder “transformar los resultados en acciones que se apliquen en nuevas políticas destinadas a incrementar la cohesión social en España, y especialmente la solidaridad con los grupos económicamente más vulnerables”.

El suyo será uno de los primeros estudios en recoger datos representativos sobre el tejido social de la sociedad española, justo en el momento en que nos enfrentamos a lo que llamamos “una nueva realidad”. Concretamente, “creemos que la actual pandemia puede aumentar más la desigualdad y la polarización”, declara. Y de ahí la importancia de entender las redes de relaciones sociales y ver cómo son beneficiosas o perjudiciales para la cohesión social.

Proteger a los trabajadores de reparto a domicilio

Con el cambio en los hábitos de consumo, la entrega de última milla (más conocida como last-mile delivery), ha experimentado una gran expansión. Este es precisamente el contexto del estudio liderado por Annachiara Longoni, profesora de Esade en la Universidad Ramon Llull, y directora del grupo de investigación Business Network Dynamics (BuNeD), quien analiza las el proceso de entrega de última milla, con el fin de determinar su impacto en la salud y la seguridad de los trabajadores.

“Los repartidores a domicilio suelen recibir un pago variable por entrega. Gracias a este acuerdo contractual, las nuevas empresas digitales han experimentado una gran expansión”, explica. Sin embargo, “estos acuerdos pueden resultar en empleos precarios, con sueldos escasos e impredecibles”, lo que, según Longoni, “podría ocasionar perjuicios físicos y mentales en los trabajadores”.

Estos repartidores han estado también más expuestos a los riesgos derivados de la COVID-19 durante el confinamiento, cuando su trabajo ha sido considerado un servicio esencial.  “Es probable que esta situación se mantenga en las próximas fases de desescalada, algo que debería servir como un estímulo para repensar las normas y políticas del proceso de entrega”, declara la investigadora.

Longoni y su equipo realizarán “encuestas a los repartidores y entrevistas a los gerentes de operaciones y recursos humanos de estas empresas” y analizarán noticias relacionadas en la prensa y las redes sociales. El objetivo final es definir “nuevas formas de trabajo que protejan a los trabajadores sin sacrificar la eficiencia operacional de las compañías” que difundirán en publicaciones académicas, medios de comunicación y eventos públicos.

La vulnerabilidad socioambiental de la España rural, a estudio

La despoblación y el cambio climático son, sin duda, amenazas para las zonas rurales españolas. A estos se les suma el decrecientepoder adquisitivo de algunos agricultores, así como la degradación ambiental. El objetivo de Sergio Villamayor-Tomas y su equipo  en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) de la UAB es estudiar la vulnerabilidad del mundo rural de una manera integrada, teniendo en cuenta algunos de los problemas sociales y ambientales que más preocupan a los distintos territorios.

“Hasta la fecha, estas amenazas han sido tratadas de manera separada, pero sabemos que en ocasiones se retroalimentan”, explica Villamayor-Tomas. En este sentido, un factor diferencial del proyecto que colidera junto a Esteve Corbera Elizalde es el estudio de las relaciones de causalidad entre diferentes factores. “Pretendemos desarrollar un índice de vulnerabilidad que nos permita, por un lado, conocer mejor dichas relaciones y, por otro, evaluar en el tiempo qué variables sociales, económicas o ambientales afectan negativa o positivamente a esa vulnerabilidad”.

Este índice, además, permitirá el diseño de políticas que aborden los problemas rurales de manera integral y ajustada a cada territorio. Para ello “realizaremos una serie de mapas que identificarán zonas más vulnerables o con vulnerabilidades específicas y que luego contrastaremos con la experiencia de ciudadanos y políticos en unos talleres participativos”, explica el investigador del ICTA-UAB.

Así, buscan entender mejor las “historias” que hay detrás de las diferentes amenazas y explorar soluciones que puedan disminuir su impacto. En el contexto de la situación actual causada por el virus SARS-CoV-2, Villamayor-Tomas cree que “la metodología generada a través de este proyecto podría ser aplicada para analizar nuevas amenazas como la actual y ayudar a matizar predicciones sobre el futuro de estas zonas a medio plazo”.

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